Salmo 119:105-106

Lámpara a mis pies es tu palabra, y lumbrera a mi camino. Juré y confirmé que guardaré tus justos juicios.

Con muy pocas excepciones, en el mundo antiguo no existía iluminación para las calles. Cuando caía la noche, quienes caminaban llevaban pequeñas lámparas de aceite hechas de terracota. Las sostenían en la palma de la mano, y su luz iluminaba apenas el camino inmediato: unos cuantos pasos a la vez, pero lo suficiente para seguir avanzando.

De la misma manera, la Palabra de Dios ilumina nuestro camino mientras la oscuridad de este mundo aumenta. Cuando tenemos que tomar decisiones y no sabemos qué dirección seguir, la Palabra de Dios nos da claridad. Nos protege de dejarnos llevar por las emociones, que muchas veces nos invitan a tomar caminos difíciles, llenos de obstáculos y tropiezos. También hace visible aquello que la oscuridad intenta esconder: comportamientos pecaminosos e intenciones que pueden hacernos daño a nosotros o a los demás.

Cuando el salmista dice: «Lámpara es a mis pies tu palabra» y «juré», está hablando con total determinación. No hay dudas ni ambigüedad en sus palabras. No dice que la Palabra lo guiará algún día, ni solamente cuando sienta que la necesita. La Escritura está para ser aplicada de manera personal, práctica y constante. Pero cada uno de nosotros debe decidir confiar en Dios y caminar de acuerdo con su Palabra.

Cuando permitimos que los principios, las instrucciones y los mandamientos de Dios moldeen nuestros pensamientos, gobiernen nuestras palabras, dirijan nuestras acciones y transformen nuestro corazón, podemos caminar con confianza en cualquier circunstancia. No tropezaremos. No caeremos.

Nunca salgamos al camino sin permitir que la lámpara del cielo ilumine nuestros pasos.

En espera de Su regreso,

– Pastor Jack

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