Efesios 1:15-16

Desde que me enteré de su profunda fe en el Señor Jesús y del amor que tienen por el pueblo de Dios en todas partes,  no he dejado de dar gracias a Dios por ustedes. Los recuerdo constantemente en mis oraciones.

En estos versículos, el apóstol Pablo de Tarso menciona dos aspectos fundamentales del cristianismo: la fe y la oración. Me recuerda la historia de una maestra de la escuela dominical que invitó a su clase a orar y a entrar en la presencia del Señor.

Emocionada por la invitación, la pequeña Samantha juntó las manos, cerró los ojos y oró. Apenas podía contenerse mientras esperaba escuchar “Amén”. Pero su entusiasmo se convirtió en desilusión cuando abrió los ojos, miró a su alrededor y vio que nada había cambiado. No había ni un regalo a la vista: ni cajas, ni bolsas con moños de colores, nada.

Decepcionada, Samantha no podía esperar a irse. Molesta, les dijo a sus padres: “Mi maestra mintió en clase. Ya no quiero volver. Dijo que íbamos a entrar en la presencia de Dios primero, pero cuando terminamos de orar, ¡no había ni un solo ‘presente’ en el salón!”. Sus papás se mordieron los labios para no reír ante la confusión de su hija respecto a la bendición de entrar en la presencia de Dios.

En muchos sentidos, somos como esa niña. A menudo entramos al trono de Dios en oración esperando respuestas inmediatas, y cuando no llegan, nuestra fe se tambalea. Sin embargo, perdemos de vista el mejor regalo: el gozo de estar en Su presencia y experimentar Su amor.

Sigamos adelante con fe, creyendo en la promesa de Dios de darnos mucho más de lo que nuestra mente limitada puede imaginar (Epístola a los Efesios 3:20). Que nunca dejemos de dar gracias mientras inclinamos nuestra cabeza y nuestro corazón en Su presencia.

En espera de Su regreso,

– Pastor Jack

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