Juan 8:12
“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
La mente humana se siente naturalmente atraída por la luz, pero más que eso, la necesitamos. Las cavernas de mármol conocidas como las Cuevas de Oregón lo demuestran de forma contundente. Una vez dentro, un guardabosques guía a los visitantes por el sendero hasta llegar a cierto punto. Luego apaga las luces de la caverna. El fotómetro que sostiene detecta la presencia de luz en las inmediaciones. Es cero. Al principio, esto no es un problema, pero con el tiempo, la oscuridad absoluta —la ausencia total de luz— creará inestabilidad en tu mente. Si te quedas más tiempo, te impedirá distinguir la derecha de la izquierda y arriba de abajo. Desorientado, pierdes el rumbo.
Trágicamente, nuestro mundo actual se tambalea en la oscuridad espiritual. Confundidos por lo que ven, oyen y experimentan, muchos se sienten inseguros o incapaces de sortear los males que los rodean. Sin embargo, tú, querido creyente, nunca tienes que andar a tientas.
Jesús es el dador de luz. Solo Él expone y disipa los efectos de la oscuridad. Jesús dice: «Sígueme de cerca, en tu corazón y en tu mente. Yo soy la fuente de la luz que necesitas, y esa luz te la daré». El Dios que «habita en luz inaccesible» (1 Timoteo 6:16) promete guiarte por su Palabra a la luz de la verdad y así evitar todo camino peligroso.
Cuando la vida parezca estar fuera de control y no sepas qué hacer, entra en la luz de la presencia de Dios. Deja que su Palabra ilumine la oscuridad; traerá paz a tu alma y seguridad a tu camino.
Esperando Su regreso,
– Pastor Jack
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